Cuando un niño es ininteligible, ¿Lo fonológico debe ser el primer objetivo terapéutico?

Llega a consulta un niño de 4 años y medio. Su habla es muy poco inteligible: omite sílabas, sustituye numerosos sonidos y resulta difícil comprender lo que quiere decir. La familia comenta que “habla mucho, pero no se le entiende”, y la escuela expresa preocupación porque sus compañeros suelen pedirle que repita lo que dijo. Frente a este perfil, es comprensible que la primera idea sea comenzar a trabajar los errores fonológicos para mejorar la inteligibilidad.

Sin embargo, durante la evaluación aparecen otros datos relevantes. El niño presenta dificultades para comprender consignas de dos pasos, le cuesta señalar imágenes cuando se le nombran algunos conceptos, tiene un vocabulario reducido para su edad y muestra dificultades para responder preguntas simples sobre situaciones cotidianas. En las actividades de juego, además, necesita apoyos frecuentes para comprender las propuestas y sostener intercambios comunicativos.

En este punto surge una pregunta fundamental: ¿qué deberíamos priorizar? ¿Corregir los sonidos que produce incorrectamente o fortalecer primero las habilidades lingüísticas que le permitirán comprender y utilizar el lenguaje de manera más eficiente?

Muchas veces, cuando un niño es poco inteligible, los errores fonológicos captan toda nuestra atención porque son el aspecto más visible del problema. Sin embargo, la producción de los sonidos no ocurre de manera aislada. Para aprender nuevas palabras, incorporarlas al vocabulario, utilizarlas en distintos contextos y representarlas mentalmente con precisión, el niño necesita comprender el lenguaje. Cuando existen dificultades comprensivas importantes, el trabajo exclusivamente centrado en la articulación o en los procesos fonológicos puede resultar insuficiente e incluso poco funcional para las necesidades comunicativas inmediatas del paciente.

Esto no implica que los aspectos fonológicos deban ignorarse. Significa, más bien, que debemos preguntarnos cuál es el punto de partida más adecuado para cada niño. En algunos casos, trabajar sobre la comprensión verbal, el vocabulario, las categorías semánticas, la atención conjunta, las funciones comunicativas y la interacción puede generar una base mucho más sólida para que posteriormente los aprendizajes fonológicos se consoliden de manera más eficiente.

Como clínicos, es importante recordar que no siempre debemos intervenir primero sobre aquello que más se nota. La inteligibilidad reducida puede ser el motivo de consulta, pero no necesariamente constituye el núcleo de la dificultad. Detrás de un habla poco clara puede haber un sistema lingüístico que aún está en construcción y que necesita fortalecer sus cimientos antes de perfeccionar sus detalles.

Por eso, frente a un niño ininteligible con bajo nivel comprensivo, quizás la pregunta no sea “¿qué sonido voy a trabajar primero?”, sino “¿qué necesita comprender este niño para comunicarse mejor con su entorno?”. La respuesta a esa pregunta puede cambiar por completo la planificación terapéutica y ayudarnos a construir intervenciones más funcionales, más significativas y más ajustadas a las verdaderas necesidades del paciente